FAIVOVICH & GOLDBERG




DECOMISO




Fotografías, archivo y estanterías metálicas, dossiers,
video digital, sonido analógico
(loops de audio y video no sincronizados)



SLYZMUD, BUENOS AIRES 2016-17
ASU ART MUSEUM, ARIZONA 2018-19
CCK, BUENOS AIRES 2020-21






  La historia de Campo del Cielo suele narrarse invocando un conjunto circunscrito de meteoritos que está compuesto por grandes especímenes individuales, con nombres como El Taco, Otumpa, El Chaco o el mítico Mesón de Fierro, visto por última vez en 1783. Estas rocas, en su singularidad, asumieron roles protagónicos en el teatro humano de la religión, la ciencia y la política, y fueron procesadas por diversos sistemas culturales a lo largo de las eras. Según se dice, por ejemplo, cultos solares celebraban sus ritos alrededor del Mesón de Fierro, y aún hasta el día de hoy se realizan mediciones magnéticas en las isletas y bosques del Chaco Austral con el fin de seguir develando los sigilos siderales preservados bajo la tierra.

  Pero además de los ejemplares con nombre propio, y de aquellos que a esta altura son más leyenda que realidad, de Campo del Cielo se extrajeron miles de otras piezas de menor peso y escala: meteoritos pequeños, fragmentos, esquirlas y desprendimientos de masas mayores que, debido a su elevado valor y fácil transportabilidad, suelen convertirse en mercadería de contrabando. Así, junto a la religión, la industria y la ciencia, se acomoda otro vector de gestión material y simbólica que opera sobre los cuerpos asteroidales: la ley.

  Decomiso aborda los aspectos legales de Campo del Cielo y se enfoca en instigar la protección patrimonial de la materia celeste. Luego de un allanamiento llevado adelante por la Fiscalía de Estado de Santiago del Estero, en junio de 2014, 405 piezas incautadas quedaron a la espera de ser pesadas, clasificadas y rotuladas, tal y como exigía la ley provincial de preservación, sancionada hacía no mucho tiempo pero jamás aplicada. Curiosamente, no fue sino la intromisión de la voluntad artística la que consiguió que estos artículos se cumplieran por primera vez en la historia.

  A lo largo de tres días de trabajo, y junto a un equipo de trabajo compuesto por diez personas puestas a su disposición por la fiscalía, Faivovich & Goldberg movieron, limpiaron, amolaron y rotularon las piezas, llevando a cabo un proceso de pesaje y registro in situ de todo el material extraterrestre decomisado y adoptando una posición operativa trivalente que los ponía al mismo tiempo en el lugar de artistas, investigadores y auxiliares de la justicia.



  El alcance de este trabajo puede medirse entonces en dos universos: como la primera aplicación exitosa de una ley dirigida a proteger patrimonialmente y garantizar la óptima situación archivística de los meteoritos santiagueños, y como instalación de arte. En su forma original, la exhibición de Decomiso está compuesta por 405 retratos, copia única y con escala 1:1, de cada uno de los cuerpos incautados por el Estado Provincial, expuestas en estanterías metálicas que evocan un interminable depósito científico, “una bóveda o un laboratorio”. Esta instancia expositiva del proyecto se complementa además con la presentación anexa de Patio Santiagueño, un doble registro audiovisual: por un lado, en video quedó asentado el proceso de indexación de los meteoritos en la fiscalía; por el otro, un grabador de cinta abierta reproduce la toma de audio que capturó un íntimo concierto de folklore regional celebrado por las autoridades y sus amigos.

  Los meteoritos tienen una relación particular con el mundo de lo visible: cuando son asteroides, flotando entre las órbitas de Marte y Júpiter, resultan virtualmente invisibles; cuando atraviesan la atmósfera en forma de meteoros, se vuelven destellos efímeros que iluminan los cielos durante apenas un instante; luego de impactar en la superficie terrestre, su destino es quedar enterrados en mausoleos secretos, intraterrenos; cuando son archivados en dependencias estatales, museos y universidades, no se los puede ver sin una clave puntual de acceso.

  Los 405 cuerpos registrados en esta obra eran piezas anónimas de Campo del Cielo que, en su indexación y nombramiento técnico, logran representar a miles de otras rocas espaciales desaparecidas por acción u omisión humana, lotes y especímenes absorbidos por el mercado negro internacional que quizá no vuelvan a ser divisados jamás. 

  Mediante la épica del concepto convertida en ley, Decomiso fija los meteoritos al momento exacto en el que son gobernados por la total estabilidad de lo que puede ser visto.